martes, 20 de julio de 2010

Pólvora mojada.



Nos ahogamos en los mismos sueños.

Naufragamos en los mismos charcos.

Nos cortamos con el mismo papel.

Las manos manchadas con la misma tinta.

Las mismas arrugas en nuestras páginas.

Debimos encontrar la misma rueca.

O una cruz parecida, o unos barrotes similares, o un bozal igual al que le pusieron al otro. Y así estamos ahora.

Dormidos, camino al Gólgota, a la sombra, con los dientes apretados y la suela de los zapatos roída.

¿Y qué esperas?

Que el viento borre nuestro camino, se llevará volando este atolón de arena fina, esta hilera de promesas rotas, un futuro que se reescribe con cada palabra.

Palabras como : “Puñetas.” ,”Trajín.”, “Miedo.” ,”Cortaúñas.”, ”Espuma.”

Palabras de doble sentido y laxa moral. Como tu vida, como la mía, como lo que pudo ser.

Como lo que será; (punto y coma, pero también dos puntos a la vez) un chiste grotesco y sin gracia.

Yo.





-.Foto de Adriana Tudela (a mi me parece cojonuda,la chica y la foto, vaya),vale la pena echarle un ojo a las obras de arte que tiene colgadas en la red de redes: http://www.tuenti.com/#m=Profile&func=index&user_id=67442775

miércoles, 14 de julio de 2010

Rapsoda insomne.




Me enerva la cadencia arrítmica de los silencios.

Las miradas muertas, que esgrimidas como dagas, nos sirven de escudo. Puñales, que lanzamos por encima de nuestros hombros.

Con el total disimulo del descaro. No sé ni cómo miro. Ni como coño me miran, pero me siento observado. Estoy bajo el mazo moral de una divinidad menor, de esas que bailan en los trigales, de ética intachable. Es él quien juzga mis actos.

“Siéntate y pedalea”, nada más que decir.

Me enervan tantas cosas:

Que las farolas se coman las estrellas, que, a bocados chiquititos, las hagan desaparecer.

Que a oscuras mire al suelo y no queden lagartijas.

Que la gente no salga corriendo a la calle, descalza, a sentir lo que se siente de noche bajo el cielo, cuando el cielo ya no está.

Que andando no choque mi hombro con el de algún peatón al que querría conocer. Cruce amargo de miradas, que se quedaría en nada…

Que ni siquiera pueda regalar miradas furtivas a mujeres de esas que me obvian o me repudian o en el mejor de los casos me sacan la lengua desde lejos.

Me enerva intentar explicarle algo a la luna, que hoy brilla por su ausencia.

Me irrita ser un triste vilano que no puede permitirse el lujo de ser malo.

Un títere en manos poco duchas, un avatar de mi mismo. Desgastado, con las aristas limadas. Con los dientes mellados. Pero cuidado, que aun tengo mordida.

Y veneno. Un veneno que también me enerva, que no controlo. Un veneno que sabe a bochorno y soledad, a aforismo gastado, al calor de la nostalgia.

A las malas obras de un pasado, que se olvida, porque mi historia avanza, hay cada día una nueva noche, en la que en la soledad de mi alfeizar, me sigo sintiendo irritado por todas esas noches que se pierden al otro lado de la ventana.

Ya sabes. La luna de las noches no es la luna. Las noches sin luna, son noches en vela.

.

La foto, de Claudia Ibarzo, fotógrafa, blogger y jotera. Titula: "Valla" y me recuerda un chiste malísimo. El del hombre entre las dos vallas.

miércoles, 7 de julio de 2010

El tahúr no juega limpio.

Me preguntan por el título del Blog, o no, no lo hacen, pero es bueno a veces explicar el porqué de las cosas.

Así que me dejo de poemas, de cuentecillos y de coñas. Un alto el fuego en toda regla, para explicar una metáfora de forajidos y revólveres.





“¿Por qué ruleta?”

Porque hay tahúres que nos malacostumbramos, a perder haciendo trampas, a jugarnos una mala mano, a pensar que solo hay una bala en el tambor.

Cosas de creerse más listo que la Suerte, que la tientas para que caiga en tu trampa, nos exponemos como cebo, que más nos dará. Tampoco perdemos nada.

Ella nunca nos sonrió, enjaulada es como estas más guapa, no me gruñas desde detrás de los barrotes coño, no fuerces los grilletes, gime, bien, que yo no te suelto.

Eso, recuérdame el cinismo que hay en autodenominarse tahúr, lo hijoputa que me pongo cuando me vanaglorio de todas las jugarretas que te he hecho.

Que te jodan.

“¿Por qué rusa?”

Porque el precio de este juego es tu pellejo, no te olvides, no te excuses, esto se acaba, un día cuando el verso arrecié, se acercará taciturna a ti, acariciará melosa tu piel muerta, tus costras, tus uñas cortadas, tu pelo caído, las legañas secas que te habías quitado al despertar.

Y te mirará, como se mira la carne poco hecha, a las tostadas quemadas. Sin saber por donde cogerte extenderá el brazo y te palpará la cara.

¿Qué se espera encontrar? Deshechos en la comisura de los labios, pelotillas en la nariz, ecos de otras eras en los oídos, la mirada del que espera en los ojos.

Tampoco habrá más, buscara algo que os una, y encontrará un corazón latiendo lento, perezoso. Como el suyo.

El tiempo se parará, pero aun tiritarán azules los astros a lo lejos, aun se forjará la historia muerto a muerto, se olvidarán amores, se recordarán osos blancos, los relojes marcarán la hora, algunos la buena, otros la suya propia.

Se irá el estéreo, después el mono, te quedaras sordo, el calor te dejará, detrás de él la luz, y ahí permanecerás, aislado. En estado de llanto quebrado, con agua caliente cayéndote por los hombros.

Te morirás, como me pasará a mí, habrá un punto final, después de todos los puntos y seguido, y los paréntesis y los puntos y aparte.

Aun estas tiempo de hacer borrón y cuenta nueva, arranca todas las páginas que quieras. Te quedan las que te quedan.

“¿Por qué a seis balas?”

Balas…porque debo de ser un inconsciente, un ingenuo o simplemente imbécil. Pero aun tengo la esperanza de que mi merecida mala suerte desaparezca, de que las balas se desvíen por arte de magia. Difícil. El arma la empuño yo y disparo a quemarropa.

El mundo se cambia a tiros, se usen balas de plomo o de tinta. “¿Quieres cambiar el mundo capullo? Pues cámbiate primero a ti”.

Por eso me estoy apuntando, soy mi primera Bastilla. Caerán otras, torres más altas, palacios de invierno… para esos me guardo las otras cinco.

Como Clint Eastwood planteó en una situación no muy distinta a esta:

"El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Yo tengo pistola, así que tú cavas".

jueves, 1 de julio de 2010

A Pablo Guerrero



Hay días que el Sol, harto del mundo como está, pasa por encima de nosotros de puntillas, sin hacer ruido, escondidito detrás de las nubes.

Esos días se le hacen largos y perezosos y hay momentos en los que asoma la frente por encima de su escondite, no vaya a ser que se pierda algo interesante.

“Tiene que llover…” Piensa el Sol, hablándolo consigo mismo en silencio.

“Pero tú y yo sabemos que hoy no lloverá. Tampoco serviría de nada” Le ríe la nube.

Pero el sol no le contesta, agacha la cabeza y sigue andando, se pasea por su húmeda trinchera, su suave trinchera, su inaccesible trinchera.

Hecha de lo mismo de lo que forramos nuestros cráneos y paradójicamente lo que le parapeta de nuestras miradas.

De nuestros anhelos. De nosotros mismos.

“Tiene que llover… a cantaros” Comenta el Sol, sentado en la cuneta del sendero que se pule de sí a sí todos los días.

Y la nube le mira, condescendiente, comprensiva, y se abre de piernas, le da ese capricho al Sol.

De eso están hechas nubes.

De bálsamo para días duros. De sueños que nos cobijan cuando nuestro andar se trunca. De lluvia contenida, que aun esta por caer.

De eso estamos hechos.


"Es el amor del agua cuando quiere
salvar la sed del hombre
y deshoja su aroma
en los campos blanqueados
por la flor del espino.

Es el amor del agua, la memoria
que hace vivos los cuerpos,
que hace vivas las nubes,
que hace vivas las selvas."


(Esta vez no sé de quien es la foto, "Atardecer en Camboya" titula)

Las águilas no cazan moscas.




Me ladran los charcos, que se creen perros, con el aroma a mojado y el lomo manchado de pisotones de quienes por ellos no velan.

Yo les bufo, y erizo los pelos del cogote, pero tampoco sirve para nada, porque no soy un gato, por mucho que vaya y venga, por mucho que mire curioso y ladee la cabeza, por mucho que me lama las heridas, por mucho que saque las garras y acorrale a alguna rata de vez en cuando.

Me ladran los coches, que se creen lobos, corriendo salvajes en manada, deteniéndose bajo lunas coloridas a las que aúllan.

Yo paso volando delante de ellos, intentando evitar su dentellada de acero, pero no sirve de nada, porque no soy un cuervo, aunque a menudo gruña, aunque juntándote conmigo aspires a quedarte tuerto, aunque mi cabeza se pierda entre nubes algunos jueves sueltos. Yo no como carroña.

Aunque todo llegará, porque me ladran unos muchachos, que se creen hienas, que rodean a un pobre-joven antílope, que vacía sobre sus garras las propias entrañas.

Yo de dos saltos me pierdo, que aun no quiero ser carroña, pero no sirve de nada, porque yo no soy una gacela, pero admito que a menudo brinco en manada, admito que si me encelan suelto un par de buenas cornadas, admito que me siento presa a menudo y sobre todo admito que antes de dejarme los cuernos en lucha perdida, yo, más prudente que valiente, emprendo retirada.


Vivo en una jungla. Soy un mal bicho.


No paso de ser un Ecce Homo con ascendencia de Neanderthal.




* La foto es de Silvia Duarte, estudiante de artes, si vives en Zaragoza raro que no la conozcas y quieras... Estupenda chica y maravillosa fotógrafa.

lunes, 21 de junio de 2010

Nacido el 28 de Abril.




Somos frutos de orgasmos bien encauzados,
de risas que se supieron provocar,
de miradas furtivas que se dejaron cazar,
de heridas que pudieron sanar,
de mentiras destapadas que se quisieron perdonar,
somos hijos de hombres,
que nacieron del vientre de mujeres,
que amaron (o no) a otros hombres a los que tal vez no podamos conocer.

Venas castizas de híbrida mezcolanza, un combinado de RH´s sin sombrilla ni limón, ni menta ni naranja que bombea nuestro corazón (desvencijado, como las puertas viejas, como las sillas a las que han hecho cabalgar, como los sueños de infante, que a día de hoy, no podremos realizar.), con fuerza, como se debe bombear, con la fuerza con la que los nuestros nos hermanaron con la historia, con la patria, con el amor.
Somos frutos de hechos lejanos, hijos de un pasado mítico, de Polifemos que se quedaron sin cena y Penelopes pacientes, herederos de reinos que cubrían todo lo que vemos, hermanos otro tiempo de a quien ahora odiamos. Pero maduramos, el humo que nuestro tiempo nos escupe nos quita el verde de la cara y nos tira de la rama.

La patria de un hombre, es el guindo del que nunca debió saltar, la patria de un hombre corre por sus venas, y en ellas hondea (con fuerza, con la fuerza que solo un torrente de vida sabe arrastrar) una bandera cromosómica, bajo la que navegaron piratas fenicios, a la sombra de la cual se agruparon hoplitas espartanos, con la que poetas griegos, y franceses, e ingleses, y andaluces, y gallegos se cubrieron las espaldas.


Esa es toda patria que nos queda, resquicios genéticos de un pasado glorioso, ojos verdes de a saber que gitana, y el mismo remolino que orgulloso lucia en la coronilla un viejo general francés.

Los almendros, lo saben, los olivos aun lo recuerdan.
La patria de un hombre, realmente está en su corazón.

Sabe rico volver.



PD: Deciros que la modelo, una joven francesa afable y simpática, me pide que os informe de que el fotógrafo,todo un maestro de la cámara también francés, tiene por nombre Théo Lebeau, si necesitáis fotos de calidad en Orleans, Théo es vuestro hombre.

domingo, 9 de mayo de 2010

El sudor del suicida.


Corrían cojeando, cojeaban mejor dicho, a resguardarse los mendigos cojos, gorjeaban las pocas palomas que quedaban, y la lluvia, tenue, se ceñía como un vestido vaporoso sobre la nada que quedaba tendida entre edificio y edificio.

Un cuarteto de cuerda, obstinado, pretendía emular la hazaña de los violines del Titanic, silenciando el tac-tac de las gotas con acordes resbaladizos que pretendían sonar a Vivaldi.

No lo conseguían y mientras las gotas suicidas se descolgaban de los techos del infinito, para abrirse la cabeza contra nuestras mundanas aceras yo intentaba contabilizar las bajas que las pobres gotas estaban sufriendo.
Sobre las rejas esquineras se vertía su sangre. Encharcándose el centro de las calles.

Las ancianas se protegían la permanente, las bolsas del Eroski escudaban los pelos de las viejas de los cuerpos de los kamikazes. Los niños les pisoteaban, saltaban eufóricos sobre los cadáveres húmedos que resbalaban por el piso.

Una bici dio con el manillar en el suelo.

Las gotas, reagrupadas, ennegrecían el cielo y lastimosas se lanzaban con fuerza en una última oleada, aun mas desesperada, con las fuerzas que les regalaba el deseo de cambio, sus ganas de revolución, su certeza absoluta de que en las calles cercanas al rio estaba el siguiente paso en su vida, el camino más directo hacia el mar pasaba por romperse la crisma.

O eso me explicaron las pobres que chocaron con mi frente y que poco a poco desaparecieron, algunas cayeron en la comisura de los labios a otras se las llevo la palma de mi mano.

Los charcos susurraban, parafraseando a Wilde, que en aquellas tardes de tormenta su vida fluía rápida y descarnada para después estancarse durante meses.

“¿Vale la pena el salto? ¿De que te sirve si acabas al pie de un badén esperando que el sol te evaporice?” Pregunte a la pila de suicidas abatidos más cercana, sonriendo, regodeándome en la determinación de esas aguas bravas.

El charco se limitó a reflejar mi propia sonrisa.

Vivo esperando una tarde de tormenta en la que vea clara la equis, el punto al que lanzarme, como buitre hambriento a pila de carroña.

Mientras me conformo con observar las estúpidas heroicidades y las astutas canalladas de un montón de suicidas sudorosos, de manos resbaladizas, que tienen bien claro el objetivo de su salto HALO.





-.Cabría señalar que la foto es de Don Alvaro Coomonte Túnez,gran joven, genial delegado y como queda claro solvente fotógrafo.