Vivo enclaustrado en un mundo muy pequeño.
Encerrado, entre ventanales de vidrios quebrados.
Vivo cansado del tacto del frio cristal que se arremolina en torno al calor de las yemas de mis dedos.
Frenados por ese sólido vacio transparente.
Que separa mi existir de donde querría estar.
Que separa mi vida de la verdad.
Los hechos que fueron, de los que vendrán.
Y me encadena, me ata a esas cuatro paredes y me obliga a esperar, a verlas pasar sentado por la puerta de mi cubil.
Me cago en el linealismo de lo humano. Me aburre mi existir.
sábado, 27 de marzo de 2010
viernes, 26 de marzo de 2010
Enemigo a las puertas
Que difícil es crear belleza, y que fácil es que una vez concebida se nos escape por las orejas dejándonos otra vez la sesera vacía.
A la espera de que un soplo de genialidad transitiva nos confiera estatus de creadores pasamos nuestras vidas, en busca de inspiración, cazando gamusinos en chanclas, musas en calzoncillos, moscas con cabezas de jabalíes.
No soy un artista, no soy un pensador, no soy valiente, no soy inteligente, soy persona.
El arte se subordina a la humanidad, trabaja para ella, no es una actitud loable por su ética, estética o minuciosidad.
No eres cura, no eres una stripper, tampoco un cirujano.
Tal vez el oficio que más se parece al de artista es el de francotirador (ya sabéis esa profesión de la que todos nos hemos querido ocupar a los 12 años), lo más difícil no es reunir la pólvora, el fusil, la bala y encontrar un nicho donde apostarse.
Lo jodido es encontrar a alguien con la voluntad de apretar una vez y otra el gatillo. La puntería es la que tienes, tu arma ira cambiando, según lo que hayas tenido que andar puede que no te queden balas, o se te hayan caído o estén mojadas…
Pero si no tienes ganas de matar es igual que todas las demás condiciones se cumplan, seguirás siendo inocuo.
Y créeme, en el momento en el que la aorta de algún desgraciado y tu bala del calibre .50 se crucen, en un fraternal abrazo de sangre y plomo, te sentirás auto-realizado, te sentirás ley, sentirás como se crea un orden cuantioso de miedo a tu palabra.
Vive afilando versos, saca brillo a tu ingenio.
Que no te pillen desarmado y de verdad buena suerte. Por muy certeras que sean tus balas un mal roce con una brizna retozona de hierba puede hacerte fallar el disparo de tu vida.
Cruza los dedos.
En eso se basa.
Mucha gaceta vendida, mucho cansancio acumulado, mucha mierda tragada, me voy a des(pensar)cansar.
Supongo que buenas noches. No matéis moscas a cañonazos, se resiente el gotéele.
Vasili Záitsev fue un señor ruso, como el bueno de José Estalin o Alexander Mostovoi. Hombre de vísceras y carajillo de alcohol de quemar. Uno de esos tipos que tienen un buen par de cojonazos, ojo certero, pulso firme y mala hostia, de esa que solo puedes sacar si vives en un país en el que no existe la propiedad privada. Su hobby: reventar cráneos nacional socialistas a más de media milla de distancia.
Dicen que el muy cabrón se cobro el gaznate de más de doscientos alemanes. Acabada la guerra se caso y mudo a Kiev.
La historia está salpicada de casos así de estúpidos e irrelevantes.
A la espera de que un soplo de genialidad transitiva nos confiera estatus de creadores pasamos nuestras vidas, en busca de inspiración, cazando gamusinos en chanclas, musas en calzoncillos, moscas con cabezas de jabalíes.
No soy un artista, no soy un pensador, no soy valiente, no soy inteligente, soy persona.
El arte se subordina a la humanidad, trabaja para ella, no es una actitud loable por su ética, estética o minuciosidad.
No eres cura, no eres una stripper, tampoco un cirujano.
Tal vez el oficio que más se parece al de artista es el de francotirador (ya sabéis esa profesión de la que todos nos hemos querido ocupar a los 12 años), lo más difícil no es reunir la pólvora, el fusil, la bala y encontrar un nicho donde apostarse.
Lo jodido es encontrar a alguien con la voluntad de apretar una vez y otra el gatillo. La puntería es la que tienes, tu arma ira cambiando, según lo que hayas tenido que andar puede que no te queden balas, o se te hayan caído o estén mojadas…
Pero si no tienes ganas de matar es igual que todas las demás condiciones se cumplan, seguirás siendo inocuo.
Y créeme, en el momento en el que la aorta de algún desgraciado y tu bala del calibre .50 se crucen, en un fraternal abrazo de sangre y plomo, te sentirás auto-realizado, te sentirás ley, sentirás como se crea un orden cuantioso de miedo a tu palabra.
Vive afilando versos, saca brillo a tu ingenio.
Que no te pillen desarmado y de verdad buena suerte. Por muy certeras que sean tus balas un mal roce con una brizna retozona de hierba puede hacerte fallar el disparo de tu vida.
Cruza los dedos.
En eso se basa.
Mucha gaceta vendida, mucho cansancio acumulado, mucha mierda tragada, me voy a des(pensar)cansar.
Supongo que buenas noches. No matéis moscas a cañonazos, se resiente el gotéele.
Vasili Záitsev fue un señor ruso, como el bueno de José Estalin o Alexander Mostovoi. Hombre de vísceras y carajillo de alcohol de quemar. Uno de esos tipos que tienen un buen par de cojonazos, ojo certero, pulso firme y mala hostia, de esa que solo puedes sacar si vives en un país en el que no existe la propiedad privada. Su hobby: reventar cráneos nacional socialistas a más de media milla de distancia.
Dicen que el muy cabrón se cobro el gaznate de más de doscientos alemanes. Acabada la guerra se caso y mudo a Kiev.
La historia está salpicada de casos así de estúpidos e irrelevantes.
jueves, 25 de marzo de 2010
Nunca es primavera donde Freud nació
Yo sé que no soy poeta.
Yo sé, que habrá noches como esta en la que no tenga nada que gritarle al mundo.
Yo sé aunque admita con la cabeza gacha y a regañadientes, todos los costes que he decidido echarme a la espalda.
Y sé las consecuencias que van a tener.
Sé que pierdo fuerza, que mi canción se torna a veces en grito, en grito que acabe por desfigurarse, cegando todo sentido con el quebrar de mi garganta.
Sé que no haré enmudecer a nadie, pero necesito decirlo, hoy día veinticuatro, veinticinco, qué más da. Hoy no he aprendido nada, hoy he visto un poco más del mundo, hoy me sigue sin gustar.
Y sigue cayendo la lluvia, gota a gota, llegará a mellar las baldosas que escondían la arena del mar.
Pero yo no lo veré.
Al otro lado del cristal la tempestad no deja vislumbrar final, hundo teclas contra el cuerpo cálido del ordenador mientras cruza un rayo.
Y aun así. Sé que no valgo, que es mierda lo que escribo, que no tiene ni fuerza, ni gancho, ni mensaje.Ni una puta moraleja con la que se puedan quedar los críos que se cruzan conmigo.
Podría hablarte del hambre, del amor, del miedo que tengo a la soledad que día a día me ronda acercándose un poquito más, a sabiendas de que ya sobra la cortesía.
Su aliento se adosa a mi nuca, poco a poco noto el vaho de su garganta juguetear con la parte baja de mi cuello.
Sigo sin tener nada de lo que hablar. A lo mejor tan solo te tenga que admitir que no soy feliz.
No quiero creerme mis propias mentiras, autosugestión barata, de eso depende una vida plena, leí recientemente de un majadero: “Cubre tus necesidades, así serás feliz”.
Valiente gilipollas, con un católico-simplista hemos topado.
Puede que a lo mejor mi cuerpo, mi alma, mi mente, mi ventrículo izquierdo, mi maltrecho hígado, mi tobillo quemado… pidan lo que piden.
“Haz de tu vida algo interesante, déjate de mariconadas, coge la mochila y sal por esa puerta. ¿Quién necesita un título pudiendo tener aventuras? ¿Quieres una vida normal? Pues no coño, quieres hundir galeras piratas en Somalia, quieres besar el viento en Nepal, quieres gritar al poniente desde el punto más virgen y blanco de Alaska, quieres llorar habiendo visto morir a un niño soldado del Sudán, quieres bailar entre las oleadas de fuego cruzado un campo de batalla Afgano, quieres ser tan viejo como puede ser un hombre joven, quieres ver todo lo que hay fuera y cuando todo acabe morir habiendo conocido lo incognoscible, habiendo llegado a lugares en los que el hombre no querría haber estado jamás… Jódete, esa vida no está a tu alcance”
Eso me grita mi ingle. Paquete bastardo.
Tengo una hucha, tengo una hucha y una publicación. Tengo una hucha, una publicación, bolis, folios y muy mala hostia. Tengo una hucha, una publicación, bolis, folios, muy mala hostia y un sueño.
publipiamonte@hotmail.com
Morir escribiendo. El que entre letras muere, con letras mata.
Vivir entre palabras.
Sueño, onirismo toca huevos.
Mierda, bon apetit.
Yo sé, que habrá noches como esta en la que no tenga nada que gritarle al mundo.
Yo sé aunque admita con la cabeza gacha y a regañadientes, todos los costes que he decidido echarme a la espalda.
Y sé las consecuencias que van a tener.
Sé que pierdo fuerza, que mi canción se torna a veces en grito, en grito que acabe por desfigurarse, cegando todo sentido con el quebrar de mi garganta.
Sé que no haré enmudecer a nadie, pero necesito decirlo, hoy día veinticuatro, veinticinco, qué más da. Hoy no he aprendido nada, hoy he visto un poco más del mundo, hoy me sigue sin gustar.
Y sigue cayendo la lluvia, gota a gota, llegará a mellar las baldosas que escondían la arena del mar.
Pero yo no lo veré.
Al otro lado del cristal la tempestad no deja vislumbrar final, hundo teclas contra el cuerpo cálido del ordenador mientras cruza un rayo.
Y aun así. Sé que no valgo, que es mierda lo que escribo, que no tiene ni fuerza, ni gancho, ni mensaje.Ni una puta moraleja con la que se puedan quedar los críos que se cruzan conmigo.
Podría hablarte del hambre, del amor, del miedo que tengo a la soledad que día a día me ronda acercándose un poquito más, a sabiendas de que ya sobra la cortesía.
Su aliento se adosa a mi nuca, poco a poco noto el vaho de su garganta juguetear con la parte baja de mi cuello.
Sigo sin tener nada de lo que hablar. A lo mejor tan solo te tenga que admitir que no soy feliz.
No quiero creerme mis propias mentiras, autosugestión barata, de eso depende una vida plena, leí recientemente de un majadero: “Cubre tus necesidades, así serás feliz”.
Valiente gilipollas, con un católico-simplista hemos topado.
Puede que a lo mejor mi cuerpo, mi alma, mi mente, mi ventrículo izquierdo, mi maltrecho hígado, mi tobillo quemado… pidan lo que piden.
“Haz de tu vida algo interesante, déjate de mariconadas, coge la mochila y sal por esa puerta. ¿Quién necesita un título pudiendo tener aventuras? ¿Quieres una vida normal? Pues no coño, quieres hundir galeras piratas en Somalia, quieres besar el viento en Nepal, quieres gritar al poniente desde el punto más virgen y blanco de Alaska, quieres llorar habiendo visto morir a un niño soldado del Sudán, quieres bailar entre las oleadas de fuego cruzado un campo de batalla Afgano, quieres ser tan viejo como puede ser un hombre joven, quieres ver todo lo que hay fuera y cuando todo acabe morir habiendo conocido lo incognoscible, habiendo llegado a lugares en los que el hombre no querría haber estado jamás… Jódete, esa vida no está a tu alcance”
Eso me grita mi ingle. Paquete bastardo.
Tengo una hucha, tengo una hucha y una publicación. Tengo una hucha, una publicación, bolis, folios y muy mala hostia. Tengo una hucha, una publicación, bolis, folios, muy mala hostia y un sueño.
publipiamonte@hotmail.com
Morir escribiendo. El que entre letras muere, con letras mata.
Vivir entre palabras.
Sueño, onirismo toca huevos.
Mierda, bon apetit.
martes, 23 de marzo de 2010
Aburrimiento
Y descubrimos que lo mas difícil no es decir las cosas de forma sonora o hacerlas bonitas, lo difícil es callárnoslas. Guardar silencio de la manera que lo hemos de guardar.
Punto y coma.
Punto y coma.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Calles, el silencio. Escuches, tu mirada.
No tengo más casa que el reflejo que día si, día no, me ofrecen los charcos que riegan Averroes.
Mi hogar es el silencio ahogado por los tubos de escape y los pasos de la Gran Vía.
Mi familia, las palomas que vuelan, (batiendo sus alas infectas, de gris hongo y cemento manchado) entre las almenas con forma de santo que coronan una gran catedral.
Mi credo, los gemidos angustiosos de una panda de gitanos, muertos por el mono, que esputan bilis, sangre y flema sobre los adoquines quebrados de una de esas calles que el ayuntamiento prefiere obviar.
Mi bandera… yo no creo en las banderas, pero no me veras lagrimear, ni alzar mi brazo protector si no es por el cielo azul, por esa inmensidad en la que bailan prestas las nubes, en la que el cierzo ciego de rabia y vino traza escorzos imposibles.
Mi amor, para quien mi amor si no para mi, para mis ideas, para mis pasos patizambos de rodilla mal arqueada que salpican cada una de las baldosas que bordean, mohosas y húmedas las riberas del Ebro.
Mi dios: vuestros sueños, vuestros proyectos nacientes, vuestros amores muertos, vuestros gritos de miedo en callejones oscuros, vuestras risas sinceras en parques de tarde.
Cuando ese sol rojo, que es el mismo aquí, allí, entonces y mañana… se agacha, como el que se agacha a acariciar el pescuezo del perro y le mira, nos mira a los ojos y en el punto álgido del crepúsculo cree ver en sus ojos la misma humanidad latiente, hedienta y malsonante que retumba en el fondo de su ardiente corazón.
Pero recapacita, pues somos hombres y él un astro, y está claro que por mucho que sus caricias nos reconforten, que el tacto de sus rayos nos haga tumbarnos a disfrutar de la carantoña, no le entendemos, no somos como él y su vaivén aun siéndonos conocido no es inexplicable.
Así que parte, como todas las noches, se pone en pie y se marcha, prometiéndonos con el último guiño condescendiente que volverá mañana, que a primera ahora nos despertara con su caricia de fuego templado.
Y algún día espera, que le podamos entender, que sepamos porque a lo lejos tiritan azules las estrellas, y que hartos de menear el rabo, y de lamernos la breva rompamos las cadenas, nos pongamos en pie y argumentando una (demostrable) igualdad, encaremos al astro rey.
Clavando nuestras vidriosas pupilas de supra hombre Nietzschiano en sus áureas y difusas pupilas, alcemos la voz y digamos:
“A tomar por el culo”
Roto el equilibrio, reajustada la igualdad, borrado el discurrir de los días, olvidado el concepto de fraternidad, serás un dios, conocerás la piedad y tal vez de una vez por todas puedas disfrutar de lo que te roban.
Esos cabrones, esos bandoleros de bayoneta oxidada, sonrisa mellada y poncho raido, te matan, que lo sepas.
Te han asaltado, aunque no te percates, poquito a poco te van quitando litro a litro, metro a metro, cada esquina de tu corazón.
Y el día, que al ver morir a un indefenso, sientas indefensa indolencia te darás cuenta del agujero de tu bolsillo, quedara constancia en tu cara de pánfilo, que mas da…
A fin de cuentas, todo esto son cosas del azar.
Mi hogar es el silencio ahogado por los tubos de escape y los pasos de la Gran Vía.
Mi familia, las palomas que vuelan, (batiendo sus alas infectas, de gris hongo y cemento manchado) entre las almenas con forma de santo que coronan una gran catedral.
Mi credo, los gemidos angustiosos de una panda de gitanos, muertos por el mono, que esputan bilis, sangre y flema sobre los adoquines quebrados de una de esas calles que el ayuntamiento prefiere obviar.
Mi bandera… yo no creo en las banderas, pero no me veras lagrimear, ni alzar mi brazo protector si no es por el cielo azul, por esa inmensidad en la que bailan prestas las nubes, en la que el cierzo ciego de rabia y vino traza escorzos imposibles.
Mi amor, para quien mi amor si no para mi, para mis ideas, para mis pasos patizambos de rodilla mal arqueada que salpican cada una de las baldosas que bordean, mohosas y húmedas las riberas del Ebro.
Mi dios: vuestros sueños, vuestros proyectos nacientes, vuestros amores muertos, vuestros gritos de miedo en callejones oscuros, vuestras risas sinceras en parques de tarde.
Cuando ese sol rojo, que es el mismo aquí, allí, entonces y mañana… se agacha, como el que se agacha a acariciar el pescuezo del perro y le mira, nos mira a los ojos y en el punto álgido del crepúsculo cree ver en sus ojos la misma humanidad latiente, hedienta y malsonante que retumba en el fondo de su ardiente corazón.
Pero recapacita, pues somos hombres y él un astro, y está claro que por mucho que sus caricias nos reconforten, que el tacto de sus rayos nos haga tumbarnos a disfrutar de la carantoña, no le entendemos, no somos como él y su vaivén aun siéndonos conocido no es inexplicable.
Así que parte, como todas las noches, se pone en pie y se marcha, prometiéndonos con el último guiño condescendiente que volverá mañana, que a primera ahora nos despertara con su caricia de fuego templado.
Y algún día espera, que le podamos entender, que sepamos porque a lo lejos tiritan azules las estrellas, y que hartos de menear el rabo, y de lamernos la breva rompamos las cadenas, nos pongamos en pie y argumentando una (demostrable) igualdad, encaremos al astro rey.
Clavando nuestras vidriosas pupilas de supra hombre Nietzschiano en sus áureas y difusas pupilas, alcemos la voz y digamos:
“A tomar por el culo”
Roto el equilibrio, reajustada la igualdad, borrado el discurrir de los días, olvidado el concepto de fraternidad, serás un dios, conocerás la piedad y tal vez de una vez por todas puedas disfrutar de lo que te roban.
Esos cabrones, esos bandoleros de bayoneta oxidada, sonrisa mellada y poncho raido, te matan, que lo sepas.
Te han asaltado, aunque no te percates, poquito a poco te van quitando litro a litro, metro a metro, cada esquina de tu corazón.
Y el día, que al ver morir a un indefenso, sientas indefensa indolencia te darás cuenta del agujero de tu bolsillo, quedara constancia en tu cara de pánfilo, que mas da…
A fin de cuentas, todo esto son cosas del azar.
domingo, 14 de marzo de 2010
El tiempo es una tormenta en la que todos nos perdemos
No hay más puertas que las que cohíben mi mente,
No hay más cerrojos que los inventados por mi alma,
No tengo más asíntotas que las prohibiciones de mi moral:
Laxa.
No quiero más sábanas, que el invierno,
Ni más almohadas, que el resguardo de tu pelo
Y si me viene de repente el miedo,
Que me pille confesado y a cubierto.
Pelos encrespados,
Un susurro del viento,
Lagrimas de cebolla,
Cielo negro de mis mantas...
Y a fuera, la tempestad que trona.
No hay más cerrojos que los inventados por mi alma,
No tengo más asíntotas que las prohibiciones de mi moral:
Laxa.
No quiero más sábanas, que el invierno,
Ni más almohadas, que el resguardo de tu pelo
Y si me viene de repente el miedo,
Que me pille confesado y a cubierto.
Pelos encrespados,
Un susurro del viento,
Lagrimas de cebolla,
Cielo negro de mis mantas...
Y a fuera, la tempestad que trona.
"Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,"
Mediodía de primavera a tres grados.
Una ciudad sin primavera, una ciudad sin flores, sin moscardones pesados que empiezan a dejarse ver a mitad de marzo.
Quedan seis días para primavera.
Y supongo que un año más, la gente volverá a acortar sus camisas, sus pantalones, sus faldas, volverá ese olor, ese olor que poco a poco irá evocando a las arenas que se funden con el mar.
Supongo que todos esos nidos colgantes de los aleros de las casas volverán a tener inquilinos.
Todos nuevos según cuentan.
Nuevas como las margaritas que en sus reinos cercados por badenes de cemento inclinado nacerán tímidas, para dar un poquito de color a las zonas verdes del ayuntamiento.
La gente sin embargo, no cambiará, será como hasta ayer, será como mañana.
Nos dará igual que la vida venga, o la vida vaya, un éxodo de color desde el averno a nuestro pies no nos va a conmover.
Ganar la quiniela sí.
Follar una noche tonta, también.
Aun nos creemos románticos, aun nos creemos defensores del débil, genios incorruptibles, Él no lo era, Ella tampoco, nosotros menos.
Echamos de menos la primavera, claro, pero es que echamos de menos tantas cosas…
Olvídate de todas las despedidas inamovibles, de esos “hasta-nunca” que, más te emperres, no se convertirán en “Hola-he-vuelto”.
Disfruta de las margaritas, de los gorriones que estrenan plumaje, de las golondrinas que vuelven de vacaciones, del olor a acera caliente, de los perros que encelados muestran al mundo su amor, de los chubascos de marzo y abril, de los niños que pueden jugar hasta las ocho en el parque sin miedo a que les caiga encima la noche.
Hay miles de cosas en las que cagarse, el ciclo estacional, no es una de ellas.
Piensa:
¿Qué sabrán las estaciones de los hombres? ¿A caso sabe el invierno lo que es el frio? ¿Sabe el otoño de Septiembre y de su melancolía? ¿Sabe el verano, todas las vidas que trastoca, todos los ancianos que entierra, todas las ilusiones que mata?
Pues que sabrá la primavera…
No sabe lo que es el recuerdo, no sabe lo que es la ilusión, pero sabe afirmarse, sabe imponerse, sabe hacerse amar.
Como pasa el tiempo, soy un año más viejo que la última vez que nos vimos, pero tu estas igual, por ti no se pierden los abriles, te haces envidiar.
Una ciudad sin primavera, una ciudad sin flores, sin moscardones pesados que empiezan a dejarse ver a mitad de marzo.
Quedan seis días para primavera.
Y supongo que un año más, la gente volverá a acortar sus camisas, sus pantalones, sus faldas, volverá ese olor, ese olor que poco a poco irá evocando a las arenas que se funden con el mar.
Supongo que todos esos nidos colgantes de los aleros de las casas volverán a tener inquilinos.
Todos nuevos según cuentan.
Nuevas como las margaritas que en sus reinos cercados por badenes de cemento inclinado nacerán tímidas, para dar un poquito de color a las zonas verdes del ayuntamiento.
La gente sin embargo, no cambiará, será como hasta ayer, será como mañana.
Nos dará igual que la vida venga, o la vida vaya, un éxodo de color desde el averno a nuestro pies no nos va a conmover.
Ganar la quiniela sí.
Follar una noche tonta, también.
Aun nos creemos románticos, aun nos creemos defensores del débil, genios incorruptibles, Él no lo era, Ella tampoco, nosotros menos.
Echamos de menos la primavera, claro, pero es que echamos de menos tantas cosas…
Olvídate de todas las despedidas inamovibles, de esos “hasta-nunca” que, más te emperres, no se convertirán en “Hola-he-vuelto”.
Disfruta de las margaritas, de los gorriones que estrenan plumaje, de las golondrinas que vuelven de vacaciones, del olor a acera caliente, de los perros que encelados muestran al mundo su amor, de los chubascos de marzo y abril, de los niños que pueden jugar hasta las ocho en el parque sin miedo a que les caiga encima la noche.
Hay miles de cosas en las que cagarse, el ciclo estacional, no es una de ellas.
Piensa:
¿Qué sabrán las estaciones de los hombres? ¿A caso sabe el invierno lo que es el frio? ¿Sabe el otoño de Septiembre y de su melancolía? ¿Sabe el verano, todas las vidas que trastoca, todos los ancianos que entierra, todas las ilusiones que mata?
Pues que sabrá la primavera…
No sabe lo que es el recuerdo, no sabe lo que es la ilusión, pero sabe afirmarse, sabe imponerse, sabe hacerse amar.
Como pasa el tiempo, soy un año más viejo que la última vez que nos vimos, pero tu estas igual, por ti no se pierden los abriles, te haces envidiar.
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